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sábado, 17 de junio de 2023

Un viaje a Stravagantia


Cuando con Viki descubrimos a Laura Gallego, hicimos un alto consumo de todos sus libros e historias. Creo que en un año leí cerca de 12 o 13 libros de la autora. Nos encantaban y los devoramos. Obviamente Viki leyó mas que yo. Para mi, Guardianes de la Ciudadela, es la mejor trilogía, la cumbre de su carrera. Me pareció que había tocado su techo. Es una autora que todos los años saca un libro, lo que me parece a mi entender algo muy exigente para una escritora, pero se ve que ella se organiza muy bien, porque comenta que escribe de 8 a 17 y es muy organizada.

Hace un año leí El ciclo del Eterno Emperador, y si bien me gustó, me pasó algo curioso con el libro, todo el tiempo tenía la sensación que sabía lo que iba a pasar, me parecía muy obvio que era lo siguiente y por lo tanto no me produjo sorpresa. Pensé que quizá ya había agotado mi ciclo de lectura con Laura Gallego, aunque es inevitable que cada nuevo libro me produzca curiosidad.

Esta semana terminé de leer Stravagantia, para ver si era un libro que pudiera leer Isabella de 9, o podía llegar a tener alguna escena violenta o poco recomendada para ella. Al principio me pareció un libro medio bobo, y también pensé ¿Qué esperaba? Pero después se va poniendo lindo, interesante. Caminamos por los caminos de Stravagantia con Berk y Virginia, este mundo en el que solo se sobrevive si se siguen las reglas que desconocemos a priori. La emocionalidad va en aumento y aparecen elementos interesantes en la narración, como las descripciones simples, sin palabras complejas, sin extensiones innecesarias, pero precisas. Realmente si cerrabas los ojos podías ver una imagen completa del lugar y de los personajes.

Hay también un rememorar Memorias de Idhún. Creo que Laura extraña un poco Idhún, así como el mundo creado por Erik, al parecer los autores también quieren volver a esos mundos imaginarios donde pusieron todo. Stravagantia no es Idhún, pero me imagino qué cosas que eran para Idhún quedaron relegados para Stravagantia, como sus dioses, sus inicios y sus reglas. Cosas que no eran compatibles con Idhún, cayeron como plato volador en este nuevo mundo creado por Laura.

Los dioses en este mundo, son indiferentes al sufrimiento de los seres que habitan Stravagantia, y también hasta crueles, un poco como sucede in Idhún, donde al final el dios mas malo, es el que termina dando el pecho por sus criaturas que ha creado.

Me gustó el viaje por esta nueva tierra, aunque me irritó un poco Virginia. Ahora Isabella está leyendo Stravagantia y me hace comentarios sobre Virginia, y tiene razón. No solo a mi me irrita Virginia, a ella también, aunque va para adelante eso no puede negarse la poca consideración que tiene con Berk. Para Isabella es el primer libro que lee de Laura Gallego y parece estarlo disfrutando mucho.

Así que ya saben, si quieren leer con sus hijos un libro ameno, agradable que deja una bella sensación, este libro es recomendable.

Y ahora ojo con los Spoilers...


La verdad que de las primeras cosas que pensé es que Berk era Erik, por un motivo en particular y es que el nombre tenía el mismo largo, y solo había un cambio de orden en las letras y de un par de consonantes. Me pareció una pista que no podía ser por casualidad, pero luego pensaba en todo lo que Berk conoce Stravagantia, lo cotidiano que le es ese espacio y descarté la idea. Claramente Berk era de ahí, y estaba en lo cierto, pero había algo de sorpresa. Luego está esta idea de Erik de irse del mundo, y su trato con los hermanos de los imposible. Laura no ahondó allí, porque creo que quiso dejarlo como un libro para niños, simple fue definitivamente una decisión.

sábado, 20 de mayo de 2023

Ese día que nos casamos

El día que nos casamos el frío había congelado el pasto y las baldosas. Los nervios y el frío son a veces parecidos, hacen temblar el cuerpo. Recuerdo muchos momentos comunes, de emociones comunes a cualquier ser humano que se casa con la persona que ama. La esperanza era uno de los sentimientos predominantes, y ya quería que estuviéramos solos los tres, vos y yo, y la vida que crecía adentro mío. Cuando salimos del civil y fuimos a casa de tus padres, mientras todos se preparaban para sentarse  y comer subimos al segundo piso, y tuve una emoción más grande y fuerte. Era una emoción sobrehumana. Era la emoción de una etapa dolorosa que se cerraba, de recuperación y de finalización de todo lo malo de lo que había pasado en mi vida, de las dificultades  que había pasado, de soledad. Era resiliencia y triunfo. Ya éramos dos, y pronto seríamos tres. No era por el solo hecho de casarnos, era porque si eso posible significaba que ya estaba sanada.

Se fueron el frío y los nervios, y en cambio llegó el calor de un abrazo entre nosotros, y las lágrimas me llenaron los ojos. Sentí que no importaba lo que pasara nunca mas iba a sentir esa soledad, porque todo lo que había impedido la felicidad se estaba terminando, y el nombre de nuestra hija era Victoria.

martes, 9 de mayo de 2023

Donde aprendemos sobre el amor

Esta semana terminé de leer "Golpéate el corazón" de Amelie Nothomb. Me gustó en líneas generales. Hubo momentos reales y sentidos, pero también cosas que me hicieron ruido y no me gustaron tanto. Creo que no pude evitar pensar que nadie recuerda la primera infancia, que esos años de vida tan importantes son una construcción de lo que nos van contando, retazos que juntamos de relatos de nuestros familiares. Sin embargo, en el libro la protagonista parece siempre tener una mirada y comprensión adulta del entorno, aún siendo bebé o niña. 

Me llevó a la pregunta de si el amor maternal es el mas imprescindible de todos, la experiencia amorosa mas completa y necesaria del ser humano, si inclusive cuando es tóxica y dañina es mejor que otra clase de amor. O mas intenso, y entonces no importa quien nos dé amor, porque nada se comparará jamás con un abrazo de mamá. Me pregunto, si esto luego condiciona para siempre la búsqueda de lo mismo, y si, porque este amor fue malo y tóxico solo encontraremos lo mismo durante toda nuestra vida. También me pregunto si se puede sanar al convertirse en madre, aunque sea una tutora, una mujer sin el título oficial de madre de alguien. Encontrar por la vida una hija necesitada de ese amor maternal, y completar así el círculo que sanaría a la madre tóxica. Pienso que dar amor sana, sin duda. Ser madre, sin embargo no sana, solo sana ser consciente de lo que nos hizo mal y no dar lo mismo.

Recordé un sueño que tuve cuando nació mi primera hija, de ya 15 años, pero tan intenso que aún recuerdo los detalles. Les estaba dando una mamadera, la leche era materna y descongelada del freezer, y de pronto, cuando estaba llegando al final, le veía unos gusanos, pero no me daba tiempo de arrebatarle la mamadera y veía como se tragaba esos gusanos ¡Como trabaja el inconsciente que me trae esos recuerdos justo ahora! Y solo ahora lo entiendo.

Muchas preguntas, algunas de ellas movilizadoras. Mas ahora que ya llevo mas de un mes sin hablar con mi mamá,  y años sin llevarnos bien. En algún momento creo que funcionó, nuestra relación fue buena, aunque no estoy segura si funcional. Salí al mundo muy temprano como adulta, ella también necesitó ser adulta, eso se lo reconozco. Ella se convirtió en madre sin quererlo quizá y yo me convertí en su madre cuando era aún una niña. El primer recuerdo de adultez que me viene a la mente fue una tarde en la que me estaba retando, y seguramente yo no estaría respondiendo como ella esperaba, me dijo que se iba a ir. Yo le dije que se fuera, y sin pausa ni mas palabras, agarró sus cosas y se fue.

Me quedé enojada. Recuerdo el enojo y luego el poner las cosas sobre la balanza, y pensar no quiero que se vaya ¡Vayan a buscarla! En ese momento yo también vivía con mis tías, que tendrían20-21 años como máximo. Salieron a buscarla, y cuando la trajeron me dijeron que la habían encontrado en la parada de colectivo a punto de irse. Yo tenía 7 años, lo creí todo por supuesto. De allí en adelante, la técnica les funcionó perfecto, varias veces. En sí diría que fue la base de mi educación. Hay educadores que pegan, educadores que castigan, educadores que hablan, y curiosamente yo crecí pensando que mi madre era de los que hablaban porque rara vez nos levantaba la mano o la voz. Y a mí ni se pasaba por la cabeza desobedecerla, o mentirle. Desobedecerla, me costó mucho y hasta hoy siento que esta entrada es un justificativo de todo mi enojo aunque ya no haya nada que justificar. Hice todo lo que quiso, fui a una buena hija y aún así, siento que agarró sus cosas y se fue.

Nuestra relación nunca tuvo límites claros, ni mucho menos roles claros. Así como a los 7 años yo tenía el  poder en casa de echar a mi madre, o decidir el destino de la familia, también podía hacer que mi madre se enferme. Eso nos los dejaba siempre claro, se portan mal y después yo me enfermo. Y mi mamá cumplía. A ella no le agarraba una gripecita de unos días en cama ¡no! ella terminaba dos semanas en terapia intensiva, o 6 meses internada, y luego siempre nos recordaba que debíamos portarnos bien o iba a volver a suceder. Y no creo que fuera su culpa tener la salud frágil, ni que lo hiciera a propósito, pero el problema era después hacernos creer que eso era así, que todo eso que había pasado era nuestra culpa, y teníamos un poder de decisión y ¡un poder tremendo! Mi mamá no era la única que lo decía. Un día también mi abuelo cargado de impotencia nos lo recriminó. Estábamos peleando con mi hermana cuando cansado y furioso nos  dijo que mamá estaba enferma por nuestra culpa y nuestras peleas.

Yo entiendo que las personas no tienen una preparación para hablar con niños, ni tacto para contener niños. Hay cosas que no se enseñan en ninguna parte. Y honestamente ya todo eso ya quedó atrás. Yo entiendo que son errores que en su momento dejaron heridas e influyeron en muchas cosas, pero ahora luego de años y de hacerlo consiente y poderlo ver, puedo cambiar el dolor en aprendizaje y sobre todas las cosas no cometer los mismos errores en generaciones venideras.

Los niños son niños, no piden venir, no son culpables de nada y no tienen ningún poder de decisión que haga que la familia tambalee o cambie el rumbo.

Hay días que me siento triste. Triste de pensar en la relación que fue por momentos, y en las cosas que pasamos. Pienso que hubo amor del bueno por momentos. Y luego mucho amor del malo, del tóxico, del hacerse daño y las recriminaciones y pases de factura. Sé que no debería llamarlo amor, pero ¿Dónde aprendemos sobre el amor? El amor es a veces como un dolor punzante, de una uña que se agarra porque no te quiere soltar. O abrazo demasiado fuerte. Un cuerpo caliente un día de verano. Demasiado cerca. Respira y se acaba todo el aire y te deja sin nada para respirar.

Pienso que ella está tan enferma que me duele verla así. Y eso es amor que duele. Pensé que era eso. Pero no. Fue siempre así y solo ahora lo veo, nunca hubo un límite, nunca dejamos de ser la misma persona, una unidad. Por eso jamás creí que hubiera conflictos que no pudiéramos resolver. Que si había conflictos y sufrimiento, igual íbamos a seguir adelante sin importar el daño que nos hiciera.

No se puede elegir el amor que recibimos, pero a la larga, sí el que damos.

¡Ah! De paso, no me gustó tanto el libro la verdad.

jueves, 4 de mayo de 2023

Que la fuerza los acompañe

Solo eso, antes que termine este día...


Esto es muy nerd, y para nerds.


 Eso...


Hace muchos años, en una tierra muy muy lejana ;-)

martes, 18 de abril de 2023

Aventura en el fin del mundo, parte dos

 Me desperté cuando Paula movió una bolsa en el living. Me había costado dormir después de la excitación vivida el día anterior. La luz llenaba toda la habitación como si fuera el medio día, enseguida sentí el latido fuerte de mi corazón y el nerviosismo se apoderó de todo mi cuerpo. Tantié la mesita de luz en busca del celular, aún no eran las 7am, era muy temprano, pero igual salté de mi cama, ya sobresaltada. Las maderas crujieron, la cabaña sonaba con cada uno de nuestros movimientos. Me vestí rápidamente, me desvestí de nuevo, cuando recordé que abajo de todo iba la remera térmica y luego lo demás. Respiré. El día había llegado, estaba en Ushuaia y la carrera comenzaría en dos horas.

Tomamos un desayuno rápido con Paula, lo habitual, nada debía ser nuevo, ninguna rutina debía cambiar. Los días de la carrera nada se prueba, dicen los que saben. Pronto descubriríamos que eso solo aplica para las seguras y monótonas carrera de calle, la montaña tiene sus propias reglas.

Decidimos llegar a la carrera caminando, y corriendo un poco. Estábamos solo a 2 km de la salida, y lo aprovecharíamos para entrar en calor. Salimos de la cabaña, y el frío nos envolvió de inmediato en el bosque algunos rayos del sol se colaban pero no llegaban a calentarnos. Arrancamos despacio, la subida por la carretera en zigzag, nos sirvió para calentar las piernas. Pronto comenzamos a cruzarnos con corredores que iban y venían. Cada vez mas caras sonrientes, algunos se animaban a las calzas cortas a pesar del frío. El día era soleado y sin viento, un día ideal. Ya de lejos escuchábamos la música de la organización y un hombre que hablaba por el altoparlante. Voy a confesar que no me gusta la música en las carreras, los ruidos fuertes a la mañana me pone nerviosa como los gritos, y en un entorno natural no le encuentro sentido. Debo ser la única persona a la que le pasa esto.

Pasamos rápido a los baños y la carrera comenzó. Así sin ningún tiempo para acomodarnos, habíamos llegado justo y quedamos últimas en la largada.



Una cosa que siempre me llama la atención de las carreras es el ruido del principio, seguido por ese silencio absoluto en el primer kilómetro. Comenzamos los primeros kilómetros con una subida suave, pero constante por la carretera por la que veníamos subiendo desde donde estábamos alojadas. Ya nadie hablaba, con los primeros ahogos, solo se escuchaban los pasitos de la multitud y algunos suspiros ahogados. La carretera terminó en un bosque hacia una subida pronunciada muy ancha y llena de piedras. Por ambos costados se levantaba un bosque de árboles altos y mas arriba una montaña imponente nevada o con glaciares colgantes y piedras de un azul grisáceo oscuras. 



El camino en zigzag terminó en un finito caminito de piedras en una ladera, con un precipicio al costado. Solo habíamos subido unos kilómetros, pero ya estábamos bien arriba y el paisaje se había abierto entre la ladera de dos montañas. Cielo y tierra hasta el horizonte, y el mar con montañas, algunos barquitos perdidos en el océano. Lo sabía, no eran barquitos, sino enormes cruceros que se aventuran a la Antártida en esa época del año. Estando mas alto podíamos ver toda la bajada hasta donde comenzaba la ciudad abrazando el pie de la montaña, las casitas ya parecían de juguete. No soplaba casi nada de viento, y la temperatura era fría pero agradable para nuestro cuerpo. Me sentía con una energía infinita, muchas ganas de subir, muchas ganas de conocer que mas vendría después. Ya arriba y acabada la primer trepada, el aíre nos lleno los pulmones y pudimos comenzar a hablar, intercambiar algún aliento algún comentario. Paula pronto descubrió que su botella de agua era incómoda para tomar ya que debía sacarla de la mochila cada vez y volverla a meter así que decidimos compartir el agua de mi mochila tipo camel back. Luego la llenaríamos con la de ella. 

Dentro del bosque perdimos a la multitud. Por momentos estábamos corriendo solas por medio del bosque, por momentos nos encontrábamos con algunas personas. Charlamos con una chica de Ushuaia por algunos kilómetros, nos contó que estaba volviendo luego de estar parada unos meses. Nos aconsejó hacer regenerativo al otro día. Luego la pasamos y mas tarde la veríamos llegar a la meta. Solo cuando la carrera se volcaba sobre un camino ancho, o una subida pronunciada larga y vistosa podíamos tener real certeza de que no estábamos solas, y que éramos muchísimos corredores.



Pronto descubrimos que diferente son las carreas de calle, donde uno trata de no probar nada nuevo. Nos ponemos ropa que conocemos, calzado que conocemos, y vamos a una velocidad que estamos acostumbradas a correr, comemos y tomamos agua cada una cantidad exacta de kilómetros. Acá la regla que nos pusimos es tomar agua a cada rato, antes de que la boca estuviera seca. Como un reflejo de nuestros cuerpos, lo montaña imponía sus propias necesidades que atender. Debíamos estar todo el tiempo pendientes de lo que el cuerpo pedía.

El terreno es lo que me resultó complicado de la Ushuaia Trail race. Antes había participado de la k15 de Villa la Angostura, y este era mas complicado y traicionero. No había que que confiarse. Lo peor para mí, fueron las raíces patinosas que casi me cuestan un dedo. Iba bajando muy tranquila, cuando me patiné en una de ellas. Puse mis manos instintivamente, pero uno de mis dedos cayó sobre una rama sobresalida, y el dedo se fue todo para atrás. Aún no sé como no se me quebró y fue solo la impresión de lo que podría haber pasado.

Para mi el peor kilómetro fue el 9. El cuerpo estaba cansado, las piernas comenzaban a estar mas cargadas. El aire no me faltó nunca, ni en las subidas, en las que respiraba tranquila y constante.  Llegábamos a los puestos de hidratación, y lejos del consejo de comer solo lo conocido, nos comíamos y tomábamos todo lo disponible. Y parecía que nada alcanzaba como suficiente combustible que agregar a la carrocería. Las piernas quemaban mientras los kilómetros pasaban. Cambié el aire luego de una subida interminable. Delante nuestro una mujer se acostó en el suelo y toda tirada dijo "no doy mas". Enseguida vinieron las compañeras de grupo, o quizás otras corredoras y la levantaron. Una de ellas la retó y le dijo "Te levantás, si estás casada, descansá parada y caminando despacio, pero al piso no te tirás mas".

Las largas subidas, seguían a largas bajadas; y las largas bajadas, seguían largas subidas. Después de esa subida interminable, un espíritu de corredora se apoderó de mi. Me sentía liviana y fuerte. Me sentía toda una corredora y agarraba largos tramos a buena velocidad. 

Ya faltando muy poco todos nos decían "ya llegan, ya llegan", al costado del camino se apostaban personas que alentaban, quizá fans de las carreras de aventuras (de solo mirar), familiares o lugareños esperando a los punteros de los 60km ¡Si! aunque no lo crean hay gente que corría 30 y 60km ese día, y ¡sí! también me parece una locura, pero quién sabe, quizá algún día la locura me haga correr más kilómetros también.

Ya el final estaba realmente cerca, y no como todas las otras veces que nos habían dicho era mentira. Mis sentimientos eran encontrados, no quería que termine, pero por otro lado me sentía feliz porque las piernas y los brazos ya no daban mas. Del cuerpo se había utilizado todo combustible y pensamiento positivo y también cada músculo, y ya todo me dolía. Algunos punteros de los 30km nos pasaban como alambre caído. 

Y finalmente llegó. Otra vez escuchamos la música, el calor de los aplausos que no paraban y el hombre del micrófono que nos daba la bienvenida. Todo me hizo picar mas rápido cuando ya creía que no podía levantar las piernas. No podía parar de sonreir, creo que se me llenaron los ojos de felicidad y también de lágrimas. Cruzamos por el largo pasillo de la meta y nos abrazamos un rato. Finalmente este fin de semana emocionante tenía su segundo capítulo. Otro día en esta aventura para no olvidar



lunes, 10 de abril de 2023

Aventura en el fin del mundo primera parte

 


Ya les conté en esta entrada como llegué al fin del mundo, mas precisamente a, la que hasta hace unos años, era la ciudad mas austral del mundo, Ushuaia. Hace un tiempo los chilenos transformaron un pueblo en ciudad, y claramente está mas al sur y así Ushuaia perdió ese podio tan preciado por unos cuantos kilómetros y un puñado de habitantes. De alguna manera había que dejar claro lo especial del lugar, así es que ahora Ushuaia es solo la ciudad mas al sur de Argentina. Sin embargo, el perder un podio no le ha restado nada en absoluto, y esta era la primera vez que la visitaba en mi vida para participar en una carrera de montaña con una amiga. La Ushuaia Trail Race.

Después de la victoria de Argentina sobre Países Bajos, nos quedó una sensación de euforia extrema, sumado al hecho de que habíamos llegado bien a Ushuaia y solo quedaba acomodar las pocas cosas que cargábamos con nosotras y conocer el lugar. Después del último gol, salí de la cabañita al bosque. Estaba nerviosa y eufórica pero sobre todo feliz. Escuché entre los árboles el sonido de bocinazos y gritos de alegría a lo lejos. Las cabañitas de alrededor parecían de juguete, los árboles se perdían hacia el cielo. Hacía frío, y aire tenía ese olor a Patagonia, tierra, bosque y pureza, pero frio sobre todo a pesar de ya ser diciembre. Hacía solo unas horas estaba en Buenos Aires, con calor húmedo e infernal, y ahora estaba ya con la campera respirando ese aire que refrescaba la garganta y los pulmones. Amo el frío.

Inspeccioné el terreno, sobre el humus negro y blandito que pisaba había unos pequeños panales. Me acerqué a mirarlos ¿Qué serían? realmente parecía un panal pequeño y redondo medio naranja o amarillo. Estaba lleno por todos lados y antes de que yo imaginara que clase de insecto había fabricado ese panal, descubrimos que era un parásito de las plantas que se caía al suelo desde los árboles y comenzaba a degradarse dejando ese aspecto de panal. Era la primera vez que veía algo así, are la primera vez de muchas cosas. De estar lejos de casa sin la familia, de viajar con una amiga, de conocer ese lugar. Pero, aunque era mi segunda carrera en montaña, estaba nerviosa como la primera vez en Villa la Angostura.

Caminamos varias cuadras desde las cabañas al centro. Desde la ruta que bajaba en zigzag se podía ver casi toda la ciudad, los últimos cordones de la cordillera y el mar extendido hasta el horizonte. Nos quedamos un rato contemplando el enorme paisaje lleno de tonos de verdes, marrones y azules y continuamos la bajada. Todo el tiempo el silencio se veía interrumpido por los bocinazos de alegría, muy diferentes a los bocinazos furiosos y frustrados que habitualmente abundan en las ciudades. El tono, el ritmo, todo era diferente, las banderas celestes y blancas flameaban desde los autos, las caras explotaban felicidad. El ritmo se contagiaba entre los vehículos uno tras otro y aumentaba mi sentimiento de felicidad eufórica.

Hasta el centro caminamos treinta cuadras recorriendo ese paisaje tan diferente de nuestra ciudad. La arquitectura de casitas metálicas sobre las calles en bajada, cabañas de colores alegres, mayormente casitas de uno o dos pisos con sus techos de chapa a dos aguas. Y siempre decolores azul, amarillo naranja. No parecían ponerse de acuerdo para combinar. A los lejos, se animaba a a erigirse uno o dos edificios solitarios, que le hacían frente al viento que soplaba suave en ese momento. Los rayos del sol ya pegaban horizontal, aunque eran cerca de las 8 de la noche, parecían las 4 de la tarde. Había mucha luz, y el sol, aunque ténue y lejano no se decidía a desaparecer. No lo haría hasta cerca de la media noche, pero la agonía sería larga.

Llegamos a la expo para retiro de kits y la fila no superaba la veintena de corredores. Todos felices y amables, el ambiente cálido nos invitó a desabrigarnos rápidamente. Todas las miradas seguían nerviosas y felices por el triunfo de la selección, pero además ya se respiraba el aire de la carrera del otro día. Evento que la mayoría de nosotros habíamos planeado todo el año.


Regresamos a la cabaña caminando con Paula, y aún con el sol alto cocinamos entre las dos los fideos con tuco. Hicimos fideos para 5, y entre las dos los comimos sin que sobrara uno solo. El sur abre el apetito y las reservas se usarían al día siguiente.

Después de cenar hicimos unas pequeñas video llamadas donde nuestros compañeros nos mostraron que todo estaba bien en casa, los chicos todos felices por los planes que estaban armando con sus padres.

Sin mas nos fuimos a acostar temprano aún cuando el sol seguía batallando por no caer al borde del mundo.

sábado, 8 de abril de 2023

Después de todas las Olas


 

Anoche terminé de leer "Mas allá del Océano". Y si ya habías leído esta entrada en mi blog me resta decir que la lectura no me ha decepcionado para nada, me quedé encantada con esta obra y  comenzaré a recomendarla de ahora en más.

Finalmente la autora fue por el camino correcto sobre viajes en el tiempo con un simple pero poderoso mensaje de resiliencia. No podemos cambiar el pasado, solo podemos aceptarlo y reconocer sus cicatrices como oportunidad de crecimiento y aprendizaje. Con personajes que mutan enriqueciendo la historia aportando momentos memorables, con la transformación del alma humana como fuerza tan poderosa como el océano mismo, la autora nos lleva a un puerto interesante. Los Dioses de una cultura basta y milenaria se presentan en la ausencia cotidiana y las tragedias mas extremas se transforman de números en historias de superación. El máximo de capacidad narrativa y descriptiva se hacen presentes durante el Tsunami, y casi podemos sentir la desesperación por falta de aire y el arrastre del océano implacable y sin piedad. Y hasta en ese momento donde todo es arrasado, la autora sabe colocar un momento de sanación y una oportunidad de cierre de historias. Y la mejor parte de esto, es que jamás se cae en lugares comunes ni golpes bajos que tanto fastidiarían. 

Terminé esta lectura pasada la media noche, y leyendo con una luz naranja y demasiado tenue y cansada, pero con una sonrisa en mis labios y muchos pensamientos en mi cabeza. Me gustaron las notas post obra, donde la autora hace aclaraciones, algunas de ellas que ya había investigado mientras me metía de lleno en la lectura de la obra. Por ejemplo ¿Dónde queda Miako? Lo ubiqué en algún lugar a un costado del rio Kitakami, traté de ver por google maps imágenes, pero no hubo caso. Entonces asumí que el pueblo había sido destruido y ya no figuraba en los mapas. Luego la autora aclaró que Miako era producto de su imaginación y coincidió en el lugar donde yo había localizado Miako en el mapa... Lo localicé en este lugar en el norte de Japón:

Miako, cerca Ishinomaki, un lugar muy nombrado en el libro y Sendai, lugar donde trabaja el padre de Nami hasta que es transferido.



Sé que a partir de hoy este libro se sumará a mis lecturas recomendadas y una vez mas se renueva mi deseo de conocer Japón.

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