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sábado, 25 de marzo de 2017

De como caímos en la escuela pública


Hace dos años decidimos hacer el cambio y que nuestra hija mayor empiece segundo grado en una escuela pública.
Había varias cosas que no nos cerraban de la escuela privada y fueron sumándose en los años.
Una de las cosas era la inequidad económica que teníamos y las prioridades que teníamos de gastos con los otros padres. Los espamentos que necesitaban hacer para cada evento relacionado con la escuela. Por ejemplo, el final de sala de cinco, tuvo que ser espamentoso, pomposo, sobre exitado y caro. Tuvimos que poner toneladas de dinero para que a ningún chico le falte remera de egresados, buzo de egresados, medalla, fiesta de fin de año, obra de teatro y otras cosas que ya me olvidé. Todo absolutamente innecesario para nuestra hija.
Además de eso, ya para primer grado la mitad de los chicos tenían su teléfono celular o una tablet. Yo no estoy de acuerdo con que una nena de 7 años esté toda la tarde prendida al celular, y no veo el sentido que lo tenga.
A mediados de primer grado nos enteramos que la maestra no tenía título, que seguramente la contrataban porque era mas barato que contratar a alguien con título. Se sumaba el hecho de que recibíamos el cuaderno cada 15 -30 días con correcciones y cosas para hacer ¿Cuál es el sentido que le hagamos corregir un error a nuestra hija que tuvo hace 15 días? Algunas veces no veíamos el cuaderno durante meses.
Viki terminó primer grado sin saber leer casi nada, y ya estaba anotada online en una escuela pública.
La inscripción online fue lo mas tortuoso de todo el proceso. Para nosotros y sobre todo para Viki. Cuando ella me preguntaba a que escuela iba a ir, yo no le podía decir nada. El sistema nos hizo elegir 5 opciones. Podía ser cualquiera de esas cinco o ninguna, quedar en espera y tener que continuar en la misma escuela. Las clases empezaban el lunes 2 de marzo, y nos dijeron que los resultados de la inscripción iban a estar el 9 de marzo. Es decir, este gobierno que se llena la boca hablando de los días de clases perdidos por los paros docentes, de pronto hacía a nuestra hija perder una semana entera de clases por una cuestión de organización. Una semana en la que además no sabíamos si conseguiríamos vacantes.
No sabíamos que tenía que llevar, si un cuaderno, de qué color lápices, lapiceras, guardapolvos, cual? Eso es lo primero que una se da cuenta en la escuela pública. Uno lleva lo que tiene, no te piden ocho cuadernos de diferentes colores, ni te dicen que lleves una lista interminable e inútil de materiales y libros, solo para hacerse los pretenciosos. Vas con lo que tenés y los maestros te piden a conciencia.
Cuando llegamos ese primer día, me acuerdo que Viki temblaba, yo temblaba y mi marido temblaba. Pero morimos de amor con la escuela y el acto de inicio. Hablaron algunas maestras, la directora y también algunos chicos que se sentían tranquilos y con la confianza de hablar y eso nos daba la pauta de que se sentían seguros y tranquilos en ese lugar.
Nos arrepentimos de no haber hecho antes el cambio. La maestra corregía todos los días, mandaba tarea, te daba entrevista si necesitabas, tenía experiencia enseñando y se le notaba. También se le notaba la vocación.
Para nosotros fue bajar de la pomposidad de una escuela privada en la que Viki no aprendió nada y llegar a que ella reciba educación dentro de la realidad. Ella se volvió solidaria, porque se dio cuenta que hay chicos que no tienen para comer, pero no porque nosotros se lo contamos, sino porque vio a chicos que se llevaban la vianda del colegio a su casa, o que le repartían cartones de leche a algunas familias. También se dio cuanta que hay chicos diferentes, algunos que no pueden ver y otros en sillas de ruedas. Aprendió lo que es el braille y para que son esos puntitos de las barandas del subte. Las escuelas públicas aceptan chicos integrados con sus maestras, mientras que las privadas te ponen mil excusas y pretextos. Porque al fin de cuentas es un negocio.
El año pasado conseguimos vacante en sala de dos para nuestra hija menor Isabella. Y también la experiencia fue muy positiva.
Y así, hace ya dos años tuvimos la desgracia de caer en la escuela pública.

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